CICLISTA URBANO

Mi primera bicicleta la tuve a los cinco años, como característica particular ésta no tenía frenos y si pedaleabas hacia atrás rodaba de reversa. Me divertí mucho con ella, tenía las clásicas rueditas de seguridad (era entretenido pedalear hacia  atrás sin caerme). Éste detalle desapareció cuando me atreví a andar sin ellas, y comencé la búsqueda de otras emociones mientras pedaleaba.

 Crecí y esta bici me quedó chiquita, entonces se la “rolé” a mi prima, y a la vez mis padres me compraron una más grande, y así cada vez que fui creciendo. Casi no he cambiado de bicis, en total he tenido cinco. La última la obtuve con mis propios ingresos y durante doce años hemos recorrido juntos diferentes caminos, varios lugares; con un sinnúmero de experiencias (amarrones, caídas, choques) y cicatrices que me han dotado de la experiencia necesaria para mejorar cada día el manejo de la bici, tan necesario en la ciudad de México, lugar en el que hace más de cinco años radico. Aquí con el caos que envuelve ésta urbe me encontré con una cultura vial (?) de abuso de poder, neurosis y prisa. Es como si a la mayoría de los habitantes le fuera muy cómodo abrazar la ignorancia, olvidándose de su naturaleza humana y modo de “auto-moción” (caminar), y rechazaran el derecho a transitar libremente, y otorgándolo como un poder para destinado a automovilistas, camioneros, transportistas, etc.

 En fin, el punto es que hay sectores de la población (peatones, ciclistas y motociclistas) que han quedado vulnerables a la impericia de los chóferes, misma que a menudo conllevan consecuencias fatales a segundas y terceras personas. La población que padece esto tiene que cambiar su forma de actuar para ir recuperando su derecho al libre tránsito.  Deberíamos tomar por ejemplo a otros países en los que no se ha perdido, y al contrario, se han defendido los derechos de la naturaleza humana buscando tener una buena convivencia en las vialidades, generando una cultura de respeto y equidad.

Antes que ser ciclista soy humano, igual que cada individuo, y es algo que no nos podemos quitar. Por eso mi llamado  es a concientizarnos y recordar que estamos en el mismo plano, sin importar lo que conduzcan (auto, camión, monociclo, etc.).

Mi bicicleta es parte de mí, de mi carácter, de mis experiencias; pero sobre todo, forma parte de mi libertad.

Thonue Manrique Nava

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